Posiblemente el 20 D haya marcado un punto de inflexión en la historia parlamentaria de este país: hasta ahora sólo 2 partidos tenían capacidad de maniobra a la hora de formar gobierno (es más, en casi la mitad de las legislaturas -5 de 11- ha habido mayoría absoluta por lo que esto queda reducido a uno) y, en el momento actual, son 4 los partidos que pueden componer varias posibilidades de conformación de gobierno. Si, además de esto, analizamos uno a uno los parlamentarios nos daremos cuenta de la diferencia con otras legislaturas: el porcentaje de “veteranos” es manifiestamente menor y básicamente los responsables de ello son los partidos emergentes.
A lo largo de todo el trayecto democrático anterior, gracias al famoso bipartidismo (cada una de los 2 partidos, cuando gobierna, modifica las leyes buscando su beneficio o el de ambos cuando coincide), hemos ido incurriendo en una serie de vicios que nos han llevado a un “deterioro democrático” manifiesto:
En todas las manifestaciones postelectorales hemos oído de apoyar o no apoyar para la formación de gobierno sin ningún tipo de planteamientos de futuro. ¿No les parece que sería de agradecer que, por parte de “alguien”, se hiciera el planteamiento de una legislatura corta, de gestión económica técnica, durante la que se solucionara, por consenso, todos estos problemas (y otros que seguro yo paso por alto) y al final se convocaran nuevas elecciones?.
Desde mi punto de vista todo esto implica el reconocimiento de los fallos anteriores, asumiendo responsabilidades y siendo capaces de hacer las cesiones en los propios planteamientos (por parte de todos) necesarias para conseguir el consenso; es lo que yo llamo “TERMINAR UNA NEGOCIACION AGRADABLEMENTE INCOMODO”, agradable por sacar adelante una parte de lo que piensas e incómodo por permitir que tu interlocutor consiga lo mismo. Terminar AGRADABLEMENTE COMODO significa que el otro queda DESAGRADABLEMENTE INCOMODO y eso es incompatible con el acuerdo.
Llegados a este punto, de verdad ¿hay algún iluso que, después de lo que estamos viendo, piense que cualquiera de los que votamos en las urnas (por supuesto porque es inevitable) tienen la capacidad o la intención de hacer algo así?. ¿Saben lo que eso significaría para ellos?. Para una gran parte sería ir al paro o cuando menos perder una gran cantidad de ingresos y capacidad de influencia y a eso no están dispuestos; por supuesto que su decisión la justificarán en base a su capacidad de servicio a la sociedad y otras “lindezas” parecidas. Visto lo visto; ¿por qué, en las próximas elecciones, no les decimos que no nos vale ninguno de ellos VOTANDO TODOS EN BLANCO?.
Gracias a todos por aguantar mis desvaríos y que TENGAIS UN MUY FELIZ 2016.
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