Desde entonces he pensado muchas veces en esta conversación sin haber avanzado nada hasta que esta noche, que no conseguía dormirme, he visto el archivo en la pantalla del ordenador, he empezado a pensar sobre el tema, y he llegado a la conclusión de que quizás mi profesión me permite ser un privilegiado que se puede mover, en su relación con otras personas, en ese límite tan fino que es la transición de la vida a su ausencia a través de la muerte.
Una noche que estaba sólo en casa, viéndome desnudo delante de un espejo fui consciente del deterioro que el paso de los años genera en nuestro cuerpo y me entretuve en escribirlo y publicarlo; en aquella publicación decía que me he pasado más de dos terceras partes de mi vida viendo cuerpos desnudos, unos vivos y otros muertos, unos jóvenes y vigorosos y otros deteriorados y en la última etapa de su vida; también decía que siempre he intentado ver las personas que los habitan, escucharlas, entenderlas, consolarlas, disfrutarlas, en definitiva vivir con ellas. He visto como algunas se revelaban contra la enfermedad y la muerte y otras lo asumían como algo inevitable, diría más, considerando a esta última como una bendición y deseando su llegada liberadora y terminaba diciendo que para todo eso da una profesión tan maravillosa como la mía. Por supuesto que da para mucho más si estás dispuesto a poner encima de la mesa una parte importante de tu vida que muchos egoístas no pondrán nunca.
Todo esto te lleva a vislumbrar lo que son los dos estados (si al segundo se le puede llamar así) de los que estamos hablando y lo que significan de ruptura absoluta en la existencia de las personas; se puede llegar a admirar a las personas que son capaces de convivir en armonía y ayudar a los que les rodean y no entender el egoísmo radical de otras muchas; yo me pregunto que sienten las segundas cuando llegan a ese momento de transición y ven que todos sus comportamientos egoístas no les sirven para nada en ese momento, y también me pregunto y quiero creer que las primeras pueden sentirse inmortales en el recuerdo de las personas a las que ayudaron desinteresadamente. Para mí ahí está la gran diferencia en la forma de asumir esa transición independientemente de las creencias de cada uno.
Visto todo lo anterior, la vida y la transición tienen una base de realidad, pero el después ya se basa todo en teorías, todas muy respetables, pero teorías. Lo que yo nunca entenderé es que sentido le encuentran determinadas personas a la acumulación de cantidades ingentes de bienes y poder, a lo largo de su vida (totalmente innecesarios en esos volúmenes a no ser que se utilicen para ayudar a los que más lo necesiten), habiéndolo conseguido a expensas de explotar y casi esclavizar a los demás. Nos cansamos de decir que la sociedad va evolucionando pero en este tema continuamos igual, o peor, que en la época de las cavernas; ¿no vamos a ser capaces nunca de darnos cuenta que cuando llegamos a ese momento definitivo somos todos iguales? ¿Alguna vez vislumbraremos que en esos momentos de transición lo único que nos va a ayudar es la satisfacción de un comportamiento previo solidario con los demás?
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