Posiblemente haya muchos de los lectores que no conozcan la ubicación geográfica de Aliste y yo, que nací allí, voy a intentar situaroslo: está en el noroeste de la provincia de Zamora, teniendo frontera (que allí se llama “raya”) con Portugal, al este de Sanabria y al norte de Las Arribes del Duero (que también marcan frontera). Todo el territorio está a una altura media de 900-950 metros, con más monte que terreno cultivable y sin industria aun en nuestros días, lo que habla claramente de su situación económica.
La publicación habla de una forma de convivencia que, en aquel momento, ya estaba desapareciendo por lo que no es sospechosa de haber sido influenciado por Kant, Hegel y Marx y sin embargo se puede considerar como la forma más perfecta de comunismo que yo conozco, LAS COSTUMBRES COMUNALES que ponen por delante el bien de la colectividad frente al del individuo. Entre estas costumbres comunales destacan “Las Rozadas”, “La Recría de ganado”, “Las rondas”, “Los Hilandares”, etc.
Todo esto viene a cuento por el griterío que se está escuchando derivado del debate presupuestario y en lo que se está apreciando que la filosofía de esas costumbres comunales de las que hemos hablado ha desaparecido totalmente y cada uno va a lo que a él le interesa y el bienestar de la colectividad les “importa un rábano”; si a esto añadimos la falta de ética y la incoherencia entre lo que piensan y lo que manifiestan y que ambas están presentes en todas sus actuaciones, entenderéis perfectamente el por qué del título.
Uno de los temas más conflictivos que se están utilizando como arma arrojadiza contra el actual Gobierno es el de los rescoldos del terrorismo etarra (yo más bien ya diría cenizas), ya sea desde el comienzo de la eliminación de la dispersión o desde el apoyo de Bildu a los presupuestos del Estado.
En cuanto al primer tema, mi sentimiento de vasco, a pesar de no haber nacido en Euskadi, es indiscutible y eso en, ningún momento, me ha llevado a posiciones dudosas; he vivido la aparición de ETA a través del conocimiento de algunos de sus fundadores (compañeros míos de colegio), han muerto personas próximas a mí (yo mismo en dos ocasiones estuve muy próximo a tener el mismo fin) y me duele en el alma el dolor y el sufrimiento de todas las víctimas (sean directas, familiares o amigos) y siempre estaré a su lado pero, que yo sepa, dentro de las condenas judiciales está, al igual que en las de cualquier otro preso, el que permanezcan en prisión un número determinado de años y en ningún momento, pienso, se establece el alejamiento sistemático del domicilio de sus familiares con lo que significa de castigo para ellos. Vivimos en una democracia y si, en 1989, Felipe González (por cierto perteneciente al partido gobernante en la actualidad) por el bien de la lucha contra esa lacra decidió implantarla yo creo que en 2020, 10 años después del cese de la violencia y 2,5 años después de la desaparición de la organización terrorista, perfectamente puede ser el momento para que esta sociedad (sin saltarse ninguna ley) se comporte humanamente y empiece a curarse del rencor que, durante tantos años, lleva arraigado en lo más profundo. El que este tema se utilice, a estas alturas, para intentar dañar al partido gobernante, sea del signo que sea, me parece auténticamente vomitivo.
En cuanto al segundo tema me gustaría, una vez más, que se recordara que vivimos en una democracia (más o menos perfecta) y que Bildu forma parte de las organizaciones políticas legales (como el resto de los partidos) y que como tal tiene todo el derecho a participar en las decisiones políticas, en la medida de la importancia de su representación, siempre que respete la legalidad vigente. Su forma de pensar le es privativa y hay que respetarla mientras no atente contra la sociedad; el que no condene la trayectoria de ETA es muy similar a lo que hacen otras organizaciones políticas que califican de “buen gobierno” a la dictadura de Franco, sin condenar su violencia que supuso un número de muertes muy superior, y están gobernando en coalición, en varias comunidades, con quien hace esta crítica en el caso de Bildu y el PSOE. La crítica, desde mi punto de vista debe hacerse a partir de los resultados para el conjunto de la sociedad que supongan dichos acuerdos; en ningún caso, en democracia, se deben limitar los derechos de pensamiento de las personas o los grupos a no ser que, en la práctica, dañe al conjunto de la sociedad y para implantar esa limitación debe ser a través de los tribunales.
Así es como, después de muchos años de esfuerzos, he aprendido yo a entender la democracia y me parece una auténtica aberración que la manipulación de este concepto se utilice para intentar obtener rendimientos partidistas y personales al igual que también me lo parece el que haya un volumen importante de ciudadanos sin capacidad, o sin interés, de análisis crítico que se dejen manipular de una forma tan burda. ¿A qué se deberá todo esto? Éste puede ser un buen tema para otra reflexión posterior.
]]>Un porcentaje alto de los días me encuentro mientras tomo el café, o me cruzo en la calle, con una mujer de mediana edad, delgadita y de altura mas bien pequeña, en definitiva como otras muchas personas con las que coincides a diario. La gran diferencia con las demás es que esta es ciega y se mueve con una soltura envidiable tanto en la calle como en la cafetería.
Esta facilidad de desenvolverse, sin hacer daño a nadie, en un ambiente para los demás totalmente oscuro, si nos colocan una venda en los ojos, me ha llevado a pensar y dedicar un tiempo a hacer una comparación con un número importante de miembros de esta sociedad que están o se hacen los ciegos mentalmente, aunque ello suponga un daño irreversible para el resto de sus conciudadanos, haciendo primar sus propios intereses sobre los colectivos.
Esa actitud de primar el interés personal frente al colectivo está presente en todos los estratos de la sociedad; la diferencia está en que mientras las personas de los más humildes no tienen capacidad para hacer daño al resto de sus conciudadanos, los de los más poderosos tienen una capacidad tremenda y la utilizan sin que les tiemble la mano, justificándose con la clásica frase “es mi derecho por que vivimos en una sociedad democrática” y se quedan tan tranquilos (como si no lo hubieran visto).
Todas estas teóricas cegueras se han puesto mucho más de manifiesto en los últimos tiempos de pandemia y elecciones en EEUU. En la pandemia el nº de personas que se han y están lucrando con el dolor ajeno es altísimo, no olvidemos lo que ha significado, en la bolsa, la comunicación de la cercana llegada de la vacuna; ¿cuántos millones se habrán metido en el bolsillo los privilegiados que hayan tenido la información en el momento oportuno? Si nos fijamos en los políticos, a la hora de la gestión, la impresión es que en lo único que están pensando es en la repercusión que sus decisiones van a tener en las siguientes elecciones, no “viendo”, o no queriendo ver, lo que se puede hacer, en cada momento, para mejorar la desastrosa situación en la que se encuentra nuestra sociedad. ¿SE PUEDE LLAMAR A ESTO CEGUERA INTERESADA?
]]>Si a todo esto, que se puede considerar solidaridad en el esfuerzo a favor de la colectividad, sumamos el que no paran de repetir que el momento actual ha despertado un gran sentido de solidaridad y que esto nos va a cambiar de cara al futuro os podéis imaginar la velocidad con la que me han entrado las ganas de ponerme a escribir sobre el tema.
Estoy totalmente de acuerdo con que todo lo malo que está afectando a la sociedad mundial estos meses está despertando una parte de la solidaridad perdida, pero sólo en las personas “de a pie” y mucho me temo que una vez que pase el peligro, y no consideren necesaria esa unión, cada uno vaya a lo suyo y sigamos como si esto no hubiera ocurrido. Donde no he visto absolutamente ninguna solidaridad es en los políticos, sean de la ideología que sean y pertenezcan al país que pertenezcan. A toda esa casta sólo les importa aquello que les beneficie electoralmente y si piensan que utilizar políticamente un momento difícil para la sociedad como éste a su favor lo hacen sin el menor remordimiento. Pensemos en las actitudes de Trump (en EEUU), Holanda, Alemania (en Europa) y todos los partidos españoles (en nuestro ámbito); todos mienten y acusan al otro en lugar de unirse, poner soluciones encima de la mesa y llegar a un acuerdo de actuación que facilite la salida de este túnel y una mejora de las condiciones de vida de toda la sociedad.
En ningún momento se les ocurre fijarse en la naturaleza y hacer una valoración de lo que consiguen los animales (llamados irracionales) yendo todos unidos en pos de un fin bueno para todos ellos. Nuestra sociedad (habitada por animales racionales) es incapaz de hacerlo. A mi me está carcomiendo una duda: ¿NO SERÁ PRECISAMENTE POR SER RACIONALES?
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A lo largo de toda mi vida profesional he sido testigo, en primera línea, del concepto que la sociedad tiene sobre los médicos; los coloca en el altar con una aureola de “medio dioses” (y no son sólo las personas de formación limitada sino gente de alto nivel intelectual que lo justifican con que jugamos con la salud y eso no es comparable con ninguna otra actividad). También a través de toda mi vida profesional he intentado convencerles de que están en un error, que el médico es un profesional como el resto (quizás más meticuloso porque los fallos casi siempre son irreversibles), pero no he podido conseguirlo.
A lo largo del tiempo que llevamos soportando el coronavirus estoy visualizando una serie de actitudes que, desde mi punto de vista, no son precisamente las más oportunas: 1- Desde el primer momento ha estado en manos de los medios de comunicación la gestión de la trasmisión de la información al ciudadano y, estos, se han dedicado a hacer una retrasmisión en directo, recabando cada uno la opinión de diversos “teóricos” expertos, que han generado un auténtico caos e incluso pánico en la mente de los ciudadanos. 2- Paralelamente ha incidido machaconamente en subir más alto, en el altar, a los profesionales sanitarios, olvidándose que simplemente están haciendo su trabajo aunque en estos momentos pueda resultar menos agradable que habitualmente. 3- Por último se ha oído incesantemente que esta situación nos va a cambiar y que, posteriormente, vamos a ser más solidarios pero se preocupan mucho de individualizar lo importante que es cada grupo con lo que esto lleva consigo.
Como podéis suponer yo no estoy de acuerdo con la gestión de ninguno de los puntos: en el primero, los medios de comunicación se amparan en el derecho a la libertad de información pero hay momentos, como en el que nos encontramos, en los que, a pesar de ser un ardiente defensor de dicha libertad, su abuso puede generar un daño importante al conjunto de la sociedad, daño derivado de la imposibilidad de interpretar por parte de personas no cualificadas (en un momento de sensación de riesgo personal) la riada de informaciones técnicas. En el segundo ya he dejado clara mi forma de entenderlo a lo largo de este escrito y en cuanto al tercero me gustaría hacer una reflexión en párrafo aparte.
Sería maravilloso, e incluso habría valido la pena sufrirlo, si al terminar este desastre verdaderamente apareciera entre nosotros una solidaridad sincera que hiciera esta sociedad más justa, pero no pinta bien porque ya se está tratando toda la información con individualismo (ningún grupo nos va a sacar de aquí, por si mismo, sino que lo va a hacer el colectivo de la sociedad en su conjunto). ¿Os imagináis que dentro de unos meses todos los ciudadanos van a dar siempre las gracias cuando paras el coche para respetar el paso de cebra o cuando le cedes el paso en un lugar estrecho? o ¿te van a pedir el paso por favor en lugar de empujar o perdón en determinadas situaciones conflictivas?. Y, si os dais cuenta, estas son las situaciones fáciles, sin costo alguno; imaginaros cuando lo que esté en juego sea un montante económico. ¿Entendéis ahora la utilización del tiempo verbal condicional empleado con Madiba y por qué aún no se le ha visto bailar sonriente en el cielo?
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