La de hoy, por supuesto ya vista con anterioridad, ha sido “Billy Elliot” que, además de una gran ternura, ha despertado en mí una serie de sentimientos que, al ver la escasa evolución que la sociedad en la que vivimos ha conseguido hasta la actualidad en determinados temas, me ha generado una sensación manifiestamente desagradable que me ha estimulado para ponerlo de manifiesto.
La acción de la película se sitúa en el Gales minero de finales del siglo pasado con todo lo que eso significa; vamos a intentar poner sobre la mesa lo que me ha llamado la atención y que creo vale la pena hacer una reflexión sobre como ha evolucionado con el paso del tiempo.
Así me temo que va evolucionando la sociedad actual en la que ese individualismo egoísta campa por sus respetos y cada uno hace lo que cree que es mejor para él independientemente del daño que pueda causar a los demás con sus actuaciones; esto no significa la ausencia de personas dispuestas a luchar e intentar revertir esta situación. El problema es que cuando planteas una iniciativa solidaria la contestación es que “uno solo no puede conseguir nada”; por supuesto que un grano de arena no es nada pero si prescindiéramos del YO y pensáramos en NOSOTROS, el mar de arena que conseguiríamos reunir podría conseguir todo aquello que nos propusiéramos.
]]>Los que me conocéis sabéis que me encanta recurrir al diccionario habitualmente pero sobre todo cuando aparece una duda terminológica y ésta no iba a ser una excepción. Si vamos a la RAE y buscamos la palabra vocación, en la 3ª acepción se habla de inclinación a un estado, una profesión o una carrera y aquí aparece la primera pregunta ¿qué condiciona esa inclinación?.
Como soy médico no puedo evitar el pensar como tal y reconocer que “de serie” venimos dotados de unas habilidades que indudablemente nos van a permitir ser muy buenos en todo lo relacionado con ellas (son los llamados en medicina “factores predisponentes”) pero para que esto se pueda producir necesita inevitablemente de una serie de circunstancias y situaciones ajenas que “lo despierten” (los llamados “factores desencadenantes”).
Llegados a este punto no puedo evitar recordar dos libros: uno sobre el que ya he hablado con anterioridad EL ELEMENTO en el que se refleja con toda claridad lo que hemos dicho en el párrafo anterior; cuando una persona está realizando una actividad con la que disfruta y se le da especialmente bien está en su “ELEMENTO”; y el otro libro, SOMOS NUESTRA MEMORIA en el que se pone de manifiesto que la memoria sólo archiva aquello que no choca con su estructura y es capaz de modificar la realidad para que sea así. Pero ¿cómo se construye la estructura de la memoria?; yo creo que con la educación y es ahí donde se entierra el libre albedrío (no ya la vocación) de la mayoría de las personas y con ello les queda cerrado el camino a la máxima felicidad, disfrute y desarrollo en perjuicio de toda la sociedad.
La mayoría de las personas desarrolla, a lo largo de su vida, una actividad que ha venido condicionada por la estructura mental que le han impuesto o, peor, por la imposibilidad material de formarse para hacer otra cosa y viven con ello pero no lo disfrutan; un pequeño grupo, gracias a una circunstancia accidental puntual y a una convivencia familiar más libre, optan por lo que en ese momento descubren como más afín a ellos y lo disfrutan a lo largo de toda su vida; algunos privilegiados, además, aciertan con su ELEMENTO y eso, si son capaces de ser coherentes con el resto de la convivencia de su vida, es el SUMUN DEL DISFRUTE Y LA FELICIDAD.
Yo creo encontrarme entre este último grupo aunque el mérito no es exactamente mío; nunca seré capaz de transmitir todo el agradecimiento que siento a las personas, sobre todo mis padres, que a pesar de las dificultades fueron capaces de ponerme encima de la mesa toda la libertad que necesitaba y al error diagnóstico gracias al cual una insolación (con una hermosa cefalea) me llevó a ingresar una semana en el Hospital Santiago de Vitoria y actuó como factor desencadenante. Ahí empezó uno de los grandes amores de mi vida, totalmente compatible con el que siento por mi mujer, hijas, nietos y padres; la evolución y los años van haciendo que los enfoques se modifiquen pero a mejor y en los 50 años que han pasado desde entonces nunca me he arrepentido ni he tenido la sensación de haberme equivocado. Nunca he tenido “depresión postvacacional” si no todo lo contrario ganas de reincorporarme a una actividad que en lo profesional ha llenado mi vida a unos niveles difícilmente imaginables.
Como apunte final una pregunta: ¿cómo sería esta sociedad si los políticos que la gobiernan, en lugar de intentar adoctrinar a las nuevas generaciones según sus propios intereses, desarrollaran un sistema educativo moderno que aportara esa libertad necesaria para que una mayoría se encontrara en el tercer grupo y acertara con su ELEMENTO?.
]]>Durante mucho tiempo le di vueltas a la respuesta, preguntándome que deben hacer los padres para cimentar esa futura felicidad, y en mi mente surgían múltiples ideas: no generarles traumas, ser coherentes entre lo que se les transmite y lo que practicas, inculcarles el respeto, la tolerancia, la capacidad de convivencia, en definitiva la ética; por muchas vueltas que le diera siempre me quedaba con una sensación de conseguir algo bueno pero no redondo.
Años más tarde descubrí un libro que me aclaró el tema y terminó con mis dudas: EL ELEMENTO. Yo aconsejaría que lo leyeran no las personas mayores (que también) sino los jóvenes futuros padres que van a tener la responsabilidad de educar a sus hijos y poner las bases a la sociedad del futuro. Su autor es el escritor inglés SIR KEN ROBINSON y parte de la base de que cuando una persona consigue llegar allí donde confluyen las cosas que le encanta hacer y las que se le dan bien se encuentra en su ELEMENTO.
Hay una historia en la que una maestra estaba en clase de dibujo con niños de 6 años. Una niña, que al resto de las cosas no prestaba atención, en la clase de dibujo estuvo durante todo el tiempo ensimismada dibujando sobre el papel. Al final le preguntó que estaba dibujando y la niña, sin levantar la vista, le contestó: “Estoy dibujando a Dios” a lo que la maestra contestó: “Pero nadie sabe qué aspecto tiene Dios”. La niña respondió “Lo sabrán enseguida”. Esto es indicativo de la imaginación que existe en los niños y su confianza en ella, confianza que disminuye a medida que crecemos. Si preguntamos en primaria a ver quienes tienen imaginación todos levantarán la mano, pero si lo hacemos entre los universitarios la mayoría no lo hace.
Todos nacemos con, al menos, un talento oculto; la misión de los educadores, tanto padres como profesores, es descubrirlo, encauzarlo y potenciarlo independientemente de los tabúes y prejuicios sociales que nos encontremos por el camino.
La única forma, que yo conozco, de conseguir esa meta de desarrollo y por tanto, la felicidad es llegar a una sociedad en la que se destierren los prejuicios, se olvide el adoctrinamiento ideológico, se diseñe un sistema educativo válido para todo tipo de pensamiento por que se enseñe en libertad, respetuoso con las personas (pero de verdad) sea cual sea su sexo, ideología, religión o estatus económico; una sociedad donde la igualdad de oportunidades sea realmente eso, que todos tengan las mismas posibilidades de llegar a la meta que se marquen y que el único límite sea su capacidad intelectual y sus ganas; una sociedad en la que el orden de prioridades sea establecido en función del bien social y no de los intereses económicos y de poder de unos pocos; una sociedad en la que todos sus miembros tengan los mismos derechos básicos (pero de verdad) y que los premios y castigos se repartan en función de los méritos adquiridos con el esfuerzo y el conocimiento y no en base a la capacidad económica y el poder. En definitiva una sociedad donde la justicia social, el respeto y la solidaridad sean los ejes en los que se sustente.
Ya se que, como otras veces, estoy describiendo una UTOPIA pero si empezamos a pensarlo y echamos a andar hacia ella las siguientes generaciones tendrán la posibilidad de acercarse aunque sólo sea un poquito. Si nosotros renunciamos ahora les quitaremos esa posibilidad y creo que eso sería tremendamente injusto.
]]>