Para empezar hay que reconocer que un régimen monárquico es tan legítimo como el republicano siempre y cuando la decisión de su instauración haya sido tomada por el conjunto de la sociedad; la única diferencia entre ambas, una vez decidido el tipo de régimen democráticamente, es que, a partir de ese momento, en la Monarquía los ciudadanos ya no van a poder elegir a la persona que la detente mientras que en la República sí. Esta diferencia no resta legitimidad a ninguna de las dos pero pienso que, a pesar de la evolución que significa la decisión democrática de tener una Monarquía, aún le falta mucho para llegar al nivel de evolución de la República, reconociendo que en ambas se pueden tener aciertos y cometer errores.
A la hora de sacar conclusiones y evaluar su bondad o no para el resto de la sociedad, en cualquiera de las dos situaciones, a las que nos hemos referido, tendremos que conocer las herramientas de las que disponen, como las utilizan y los mecanismos de control que tiene la sociedad sobre dicha utilización. Si las herramientas son las mismas el problema se nos presenta en su utilización por quien detenta el poder y la capacidad de la sociedad para controlarle.
Llegados a este punto sería fácil ponernos de acuerdo en que, en determinados momentos de la historia, las personas que detentaban un poder político y tenían que tomar decisiones derivadas de dicho poder tenían que estar , de alguna forma, protegidos legalmente frente a las responsabilidades de dichas decisiones. En el momento actual, en los países democráticos, dicha protección es innecesaria pues las decisiones políticas no son perseguidas jurídicamente si no llevan consigo una actuación que signifique un beneficio personal, de quien que la toma, a costa del resto de la sociedad.
Por lo tanto, si estamos de acuerdo en que las decisiones políticas puras, en el momento actual, no son perseguidas legalmente, podremos preguntarnos por qué las personas que las toman tienen un trato distinto al resto de los ciudadanos, no siendo juzgados por los mismos tribunales, saltándose el artículo de la Constitución que dice “TODOS LOS ESPAÑOLES SOMOS IGUALES ANTE LA LEY”.
Hasta aquí hemos tratado el tema del aforamiento (en España es casi infinito) pero, para mí, lo verdaderamente grave está en el Jefe del Estado (el Rey) al que ni siquiera se le puede investigar pues es INVIOLABLE, no sólo para las decisiones tomadas en función de su cargo (que son mínimas – nombrar los jefes militar y civil de la casa real y repartir la dotación económica de la familia entre sus miembros) si no también para las de tipo personal; en definitiva haga lo que haga mientras esté en el cargo nunca nadie podrá pedirle responsabilidades por dichas actuaciones. ¿EL REY ES ESPAÑOL?, ¿LE TRATA LA LEY COMO AL RESTO DE LOS ESPAÑOLES?
Partiendo de la base de todo lo anterior y de la experiencia del Rey Emérito en su comportamiento, para mí, habría sido una actitud tremendamente honorable y muy de agradecer que el actual Monarca hubiera PEDIDO AL PARLAMENTO QUE LEGISLARA PARA ELIMINAR DICHA INVIOLABILIDAD para, legalmente, convertirse en un ciudadano normal y así eliminar las dudas que pueda haber de una repetición posterior (SIEMPRE SIN PONER EN DUDA SU HONRADEZ). Yendo un poco más allá; ¿POR QUÉ NO LO HAN PEDIDO LOS POLÍTICOS?, ¿NO TENDRÁ QUE VER CON EL MIEDO A PERDER SU PRIVILEGIO DE AFORAMIENTO?
]]>Gracias a ello recordé y puse a reproducir una canción que siempre me ha gustado, “Mi querida España” de Cecilia, y al escuchar los versos de la primera estrofa (de tu santa siesta/ahora te despiertan/versos de poetas…..), sin saber por qué se encendió en mi memoria el semáforo de unas sevillanas, “Creó Andalucía”, de Romero Sanjuán (por cierto también muerto), que también siempre me han gustado y que en su última estrofa dice (donde la gente sencilla/se sienta en una silla/a la puerta de su casa/donde tener un amigo/donde el amor se regala….).
Hasta aquí es fácil ponerse de acuerdo en que ambas estrofas reflejan actitudes históricas, prácticamente desaparecidas, de esta maravillosa tierra en la tenemos la suerte de vivir; la siesta yo creo que aún la continua recordando mucha gente con añoranza y en cuanto a sentarse en una silla a la puerta de tu casa para charlar con los amigos yo os puedo garantizar que hay montones de pueblos pequeños el los que se sigue practicando y disfrutando. Por esto y otras cosas parecidas y aún practicadas se nos ha calificado cuando menos, desde tiempos inmemoriales, como gente no excesivamente fiable y poco evolucionada.
Llegados a este punto me gustaría hacer unas reflexiones sobre lo que significan una serie de conceptos sobre los españoles que, sin justificar por qué, se han convertido en auténticos mantras: vagos, gente en la que no se puede confiar, mala calidad de vida, etc. Lo de vagos y lo que no se puede confiar es algo tan etéreo y difícil de demostrar que, en mayor o menor porcentaje, lo podemos aplicar a cualquier sociedad que pongamos encima de la mesa; hoy en día la cualificación de las nuevas generaciones de españoles y españolas está al nivel más alto y lo corrobora la cantidad de jóvenes y no tan jóvenes trabajando, ocupando altos puestos laborales y de investigación, en las consideradas sociedades más avanzadas.
Sin embargo me gustaría poner encima de la mesa un comentario que siempre me molesta cuando alguien lo hace; la calidad de vida es muy superior en los países del norte de Europa y Estados Unidos que en España y lo hacen pontificando, sin aportar ningún parámetro objetivo. Vamos, para llegar a una conclusión lógica en este tema, a razonar en base a 1- la alimentación, 2- el clima, 3- la sanidad, 4- la educación y 5- la convivencia.
Como podéis ver a través del análisis de estos 5 parámetros (se podrían utilizar algunos más pero creo que con estos es suficiente) el país de la santa siesta y de sentarse en una silla a la puerta de su casa disfruta de una magnífica calidad de vida, equiparable a las mejores del mundo; todo esto, que hemos visto, no debe significar que nos “tiremos a la bartola” porque ya nos damos por satisfechos con logrado hasta ahora; DEBEMOS SEGUIR CORRIENDO DETRÁS DE LA UTOPÍA Y CONSEGUIR MEJORARLO.
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