Se trata de mi madre, nacida en 1920 en el Aliste zamorano aislado de todo lo que pueda significar modernidad y evolución (incluso hoy día). Quien no conozca Aliste puede que le resulte difícil entender lo que significaba, en aquellos momentos, una actitud de rebeldía como la que ella protagonizó.
Pertenecía a una familia económicamente estable, con una pequeña industria de fabricación de carros (con 6-8 puestos de trabajo estables) que, en aquellos momentos, equivalía casi a una mediana empresa. Cuando tenía 12 años el maestro del pueblo fue a hablar con mi abuelo (mi madre pensó que iba a tratarse de ella y lo escuchó todo) para decirle que era una muchacha inteligente y que, con las posibilidades que él tenía podía tranquilamente hacer, al menos, Magisterio. La contestación de mi abuelo fue contundente: “El sitio de la mujer esta en la cocina” y, para él, ahí quedó todo.
El primer pensamiento de mi madre fue que nunca a un hijo o hija suyos le ocurriría eso y planificó su vida en función de dicho pensamiento; se negó a casarse con quien le quería imponer su padre y lo hizo con mi padre (perteneciente a una de las familias más limitadas económicamente del pueblo) que asumió su proyecto y lo apoyó incondicionalmente y el resultado de todo ello soy yo.
Permanecieron en el pueblo hasta que entendieron que ya no podían ir más allá en esa situación (1959 teniendo yo 12 años sin cumplir) y emigraron a Vitoria para, con un esfuerzo tremendo conseguir cumplir con la promesa que ella había hecho en 1932. En 1972 terminé la carrera de Medicina que en la actualidad, con 74 años continuo ejerciendo y disfrutando considerando, compartido con ellos, a mis pacientes como amigos.
¿Entendéis ahora por qué califico a mi madre como la primera feminista que he conocido? No os podéis imaginar el orgullo que significa para mí tanto ella como mi padre Salvador; Rufina por ponerlo encima de la mesa y Salvador por entenderlo y apoyarlo incondicionalmente.
¡¡ HONOR A ELLOS !!. Hoy, casi 19 años después de ya no estar físicamente con nosotros, quiero que quede claro la fuerza que tienen las actitudes éticas y lo que se puede conseguir luchando por ellas.
]]>Antes de seguir quiero situar en el mapa a la querida y maravillosa tierra en la que nací y viví feliz los 12 primeros años de mi vida; está, a unos 900 mts de altura, al oeste de Zamora, en la frontera con Portugal (allí se llama “raya”) y en gran parte del siglo pasado aislada de todo aquello que signifique evolución y progreso. La vía férrea circulaba por el norte y la carretera por el sur dejando en medio “la nada” unida por caminos de carros; aunque esta descripción pueda llevar a pensamientos de horror yo os puedo asegurar que la forma de vida de aquellos tiempos era lo más solidario que he conocido a lo largo de toda mi vida (podía haber enfrentamientos personales pero cuando alguien necesitaba la ayuda de los demás la tenía inmediatamente a su disposición).
Pero volvamos a hoy, día posterior al “Día de la Mujer”, y con ello a las imágenes de hace casi un siglo que reflejan perfectamente lo que, entonces, era la vida de la mujer allí; se trata de la presentación de lo que es el Viernes Santo de Bercianos (a unos 15 Kmts de Lober, donde yo nací) y en ella se hace una entrevista a la panadera del pueblo. Se le pregunta que si ella vende el pan y contesta que si, que quién lo hace y dice que ella, que quién cuida la casa y a los hijos y también es ella y cuando le dicen que si eso es todo contesta que también “echa una mano a su marido en el campo”.
En ese entorno y ese tiempo nacieron y vivieron mis padres y allí mi madre con 12 años, al oír decir a su padre autoritario que el sitio de la mujer era la cocina y no el estudiar, decidió que nunca a un hijo o a una hija suya le ocurriría algo parecido; se negó a casarse con quien le quisieron imponer y lo hizo con mi padre que entendió y apoyó su proyecto y cuyo resultado, después de grandísimos esfuerzos para que pudiera tener formación universitaria, soy yo. A pesar de los grandes sacrificios nunca he conocido a nadie más feliz y orgullosa que ella y era una delicia verlos pasear, con más de 80 años, cogidos de la mano como dos jóvenes enamorados. Para mí ellos fueron los primeros feministas de mi historia aunque no fuera consciente de ello en el inicio.
¿Entendéis ahora los recuerdos en estas fechas y el sentimiento de orgullo que me producen?; no podemos olvidar que, en una sociedad como aquella, era muy difícil, por no decir casi imposible, tomar decisiones de ese tipo, sobre todo si lo comparamos con la situación social actual con su visibilización y reivindicaciones y que, a pesar de ello, le falta mucho para conseguir la meta.
Después de toda una vida conviviendo y sintiendo esta reivindicación sólo me queda decir que anhelo con todas mis fuerzas ver el día en el que el feminismo haya conseguido su meta y la sociedad, en su conjunto, haya asumido sus objetivos de que la mujer sea respetada en el más amplio sentido, desaparezcan las “supuestas obligaciones” propias de la mujer y no haya diferencia alguna con el hombre en el acceso a cualquier puesto o dignidad social.
]]>Todos los años, cuando llegan estas fechas, tenemos el privilegio de poder pasar con ellos una parte de sus vacaciones que todos esperamos con gran ilusión; y no es precisamente la ilusión lo que ha evolucionado (continua con toda la intensidad del mundo) sino todos, ellos y nosotros. Se nos están haciendo mayores y, aunque parezca mentira, las posibilidades de disfrutarlos van en aumento. Roque y Noah ya están próximos a los 13 a. y Zoé ya ha cumplido los 11 y aquellos arranques de antes de levantarlos fácilmente cuando venían a darte un abrazo van desapareciendo porque ya casi no puedes con ellos (Noah ya tiene mi altura y calza mi mismo número y Roque y Zoé que no son tan altos tienen una estructura más sólida).
Pero no es esa evolución la que este año me ha llamado la atención sino la mental y no sólo la suya sino también la nuestra; a pesar de que su dependencia de las pantallas continua y somos conscientes de que va a continuar y que, intrínsecamente no es malo (si no se abusa), ellos han aprendido a entender que cuando se les dice que ya es suficiente no es para fastidiarles y no protestan como otras veces y nosotros hemos aprendido a tener un nivel de tolerancia superior a otros años.
Sus famosas guerras fratricidas por los motivos más nimios no han desaparecido pero si han disminuido manifiestamente y cuando en pleno fragor de la batalla se les razonan las cosas, ahora son capaces de parar, pensar y asumir las razones que se le ponen encima de la mesa; los caprichos que otros años generaban conflictos éste han sido simplemente caprichos sin importancia. Incluso a mi me ha dado la impresión que se han esforzado más en no dejar tantas cosas tiradas en cualquier esquina y que si lo hacían y se lo decías lo aceptaban con mayor tolerancia.
En todo esto es en lo que de verdad se están haciendo mayores, no vamos a decir adultos pero si que van camino de ello, y nosotros nos encontramos tremendamente orgullosos de poder ayudarles a conseguirlo disfrutando todos juntos del camino. Por todo ello quizás éste haya sido el año en el que más cortas se nos han hecho y más hemos disfrutado de las vacaciones. ¡ ¡ ¡ GRACIAS ENANOS ! ! !
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Este año mi amigo estaba disgustado porque, a pesar de tener con al resto de sus hijos con sus correspondientes parejas, le faltaba el mayor por motivos laborales de última hora y, ante su preocupación, yo le comente que éramos unos privilegiados puesto que en ambos casos, a pesar de la edad (ninguno por debajo de los 22 a.) esperan con ilusión ese momento para disfrutarlo con nosotros y, lo que es más importante, se lo transmiten a las personas que quieren.
Una vez analizada la situación con perspectiva, me ha llevado a reflexionar sobre lo que significa la familia tanto en las distintas zonas geográficas y culturales como en los distintos momentos, más o menos difíciles, que obligatoriamente nos toca vivir.
No soy ningún experto en el tema pero de la información que procuro recibir en los países anglosajones y nórdicos los hijos, llegada una edad de más o menos 16 a., abandonan el domicilio paterno y se van a vivir con amigos de su edad. No voy a entrar en si esta costumbre los hace, a futuro, más responsables y emprendedores al no estar bajo la tutela de sus padres (es posible) pero de lo que si que estoy seguro es de que pierden un caudal afectivo impresionante y difícilmente recuperable a posteriori. Creo que esas costumbres nos llevan hacia sociedades más estructuradas en las que el cariño y el afecto cada vez están menos presentes. A mi eso me preocupa porque no me gustaría nada que mis nietos o biznietos vivieran en una sociedad similar a la de “Un mundo feliz” aunque, por desconocimiento, no fueran capaces de percibir lo que eso significa.
¿Qué habría sido, en nuestro país, de los cientos de miles de matrimonios con hijos que se han quedado sin trabajo y le han quitado su casa si no existiera ese sentido familiar y sus padres no los hubieran vuelto a acoger en la suya y los hubieran mantenido con su pensión?
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