Soportaste, en vida, el maltrato, la incomprensión, la discriminación y la tortura y devolviste tolerancia comprensión y amor. Incluso después de tu muerte te utilizaron, en aras de sus intereses, montando un circo que seguro no te hubiera gustado nada. Yo estoy convencido que te habría hecho ilusión una despedida tranquila y que todo el esfuerzo se hubiera dedicado a poner en práctica las ideas por las que viviste pero ellos necesitan justificarse y que todo continúe igual porque les va bien aunque los demás se pudran.
Nunca han entendido ni entenderán todo lo que tu has significado incluso, se puede afirmar, no van a hacer el mínimo esfuerzo para ello; su mente les impide ver que los grandes genios no son necesarios si cada uno de nosotros somos capaces de aportar ese granito de arena que todos tenemos la capacidad de generar con esfuerzo, convencimiento, ética, comprensión, respeto, diálogo y mucho amor.
Si conseguimos ese mar de arena, los genios como tú (sencillos y humildes) serían la guinda que adornaría el más maravilloso pastel que podría hacerse en este mundo y podríamos, en el cielo limpio, ver tu increíble sonrisa e, incluso, adivinar unos pasos del baile de tu querida tierra y ese día habrá fiesta y todos seremos más felices.
Gracias por ser como eras, y sobre todo, gracias por tener el coraje de hacerte visible. Haber vivido en tu tiempo es un honor.
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