Gracias a ello recordé y puse a reproducir una canción que siempre me ha gustado, “Mi querida España” de Cecilia, y al escuchar los versos de la primera estrofa (de tu santa siesta/ahora te despiertan/versos de poetas…..), sin saber por qué se encendió en mi memoria el semáforo de unas sevillanas, “Creó Andalucía”, de Romero Sanjuán (por cierto también muerto), que también siempre me han gustado y que en su última estrofa dice (donde la gente sencilla/se sienta en una silla/a la puerta de su casa/donde tener un amigo/donde el amor se regala….).
Hasta aquí es fácil ponerse de acuerdo en que ambas estrofas reflejan actitudes históricas, prácticamente desaparecidas, de esta maravillosa tierra en la tenemos la suerte de vivir; la siesta yo creo que aún la continua recordando mucha gente con añoranza y en cuanto a sentarse en una silla a la puerta de tu casa para charlar con los amigos yo os puedo garantizar que hay montones de pueblos pequeños el los que se sigue practicando y disfrutando. Por esto y otras cosas parecidas y aún practicadas se nos ha calificado cuando menos, desde tiempos inmemoriales, como gente no excesivamente fiable y poco evolucionada.
Llegados a este punto me gustaría hacer unas reflexiones sobre lo que significan una serie de conceptos sobre los españoles que, sin justificar por qué, se han convertido en auténticos mantras: vagos, gente en la que no se puede confiar, mala calidad de vida, etc. Lo de vagos y lo que no se puede confiar es algo tan etéreo y difícil de demostrar que, en mayor o menor porcentaje, lo podemos aplicar a cualquier sociedad que pongamos encima de la mesa; hoy en día la cualificación de las nuevas generaciones de españoles y españolas está al nivel más alto y lo corrobora la cantidad de jóvenes y no tan jóvenes trabajando, ocupando altos puestos laborales y de investigación, en las consideradas sociedades más avanzadas.
Sin embargo me gustaría poner encima de la mesa un comentario que siempre me molesta cuando alguien lo hace; la calidad de vida es muy superior en los países del norte de Europa y Estados Unidos que en España y lo hacen pontificando, sin aportar ningún parámetro objetivo. Vamos, para llegar a una conclusión lógica en este tema, a razonar en base a 1- la alimentación, 2- el clima, 3- la sanidad, 4- la educación y 5- la convivencia.
Como podéis ver a través del análisis de estos 5 parámetros (se podrían utilizar algunos más pero creo que con estos es suficiente) el país de la santa siesta y de sentarse en una silla a la puerta de su casa disfruta de una magnífica calidad de vida, equiparable a las mejores del mundo; todo esto, que hemos visto, no debe significar que nos “tiremos a la bartola” porque ya nos damos por satisfechos con logrado hasta ahora; DEBEMOS SEGUIR CORRIENDO DETRÁS DE LA UTOPÍA Y CONSEGUIR MEJORARLO.
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1- ¿Hay vida inteligente fuera de la Tierra?
2- ¿Está más evolucionada que nosotros?
3- ¿Son factibles los viajes en el tiempo?
4- ¿Por qué no ha habido contactos conocidos con fiabilidad?
5- ¿Son compatibles el método científico y la fe?
En cuanto a la vida inteligente, su evolución y los viajes en el tiempo no tengo la más mínima duda de que la respuesta es positiva en los tres casos. No me apetece caer en uno de los mayores errores de la humanidad: CREERNOS UNICOS en la inmensidad del Universo, y tampoco quiero caer en el segundo, EN CASO DE NO SER LOS UNICOS LOS DEMAS DEBEN SER A NUESTRA IMAGEN Y SEMEJANZA. Partiendo de estas premisas es fácil deducir que creo que hay vida aparte de nosotros, en definitiva tengo fe (aunque no lo vea ni lo pueda demostrar), que entre esa vida (sea del tipo que sea) la habrá más y menos evolucionada que nosotros, que disponen de la tecnología suficiente para establecer contacto pero que son lo suficientemente inteligentes y respetuosos como para no interferir en nuestra evolución. Y eso creo que es válido también para nuestros descendientes que (seguro) habrán encontrado la fórmula de viajar en el tiempo y que espero nos dejen vivir nuestra vida, más larga o más corta, sin interferir, tal como nosotros lo decidamos.
En cuanto a la compatibilidad del método científico y la fe por supuesto que son compatibles, y no sólo eso, sino complementarios. El método científico nos hace evolucionar y la fe nos permite vivir. ¿Qué sería nuestra vida si no tuviéramos fe en los demás, en el comportamiento ético y limpio de los amigos, la familia, los compañeros? Ahí es donde tenemos que buscar nuestro Dios, entre todo lo bueno de esas personas.
La conclusión final que puede resultarnos positiva es que nunca debemos creernos los únicos, aunque, cada uno, sí especial y distinto, y que el maniqueísmo y la verdad absoluta (en todas las facetas de la vida) no son los conceptos que nos van a permitir una convivencia en sentido positivo y sí, en cambio, nos llevaran a la intolerancia y al radicalismo.
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