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muerte – Cocinando sentido común https://cocinandosentidocomun.com Un blog que analiza situaciones, actitudes y momentos de la vida Sun, 23 Mar 2025 12:06:47 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.8.25 Dios y el demonio https://cocinandosentidocomun.com/dios-y-el-demonio/ https://cocinandosentidocomun.com/dios-y-el-demonio/#respond Thu, 06 Jan 2022 10:55:26 +0000 http://cocinandosentidocomun.com/?p=669 Vaya por delante mi máximo respeto a las personas con creencias y más si son coherentes, en su forma de actuar, con dichas creencias. Hace unos años, en un viaje a Estambul con otro matrimonio, nos encontramos, en la puerta de Santa Sofía, con un magnífico guía que nos enseño una ciudad difícil de ver si no es con una persona así; el único problema era que, mientras nos desplazábamos en la furgoneta, sólo sabía hablar de las bondades del Islam: el tema quedó zanjado cuando yo le dije que para mí Dios era todo lo bueno que hay en todas las persona y el demonio lo malo, a lo que contestó que eso estaba al 98% de acuerdo con lo que dice el Corán y, al día siguiente, me regaló uno en español y comentado no volviendo a aparecer el tema religioso en las conversaciones.  

Todo esto viene a cuento por la aparición, en la sección de opinión de El Correo, de un artículo escrito por un profesor de moral social cristiana, con el título “¿Cuánto dura la bondad humana sin Dios?” y sobre que las personas en peores condiciones cuestionan mi vida segura. El artículo comienza con la cita de una frase de Umberto Ecco “Sin miedo no puede haber fe. El que no teme al demonio ya no necesita a Dios” y, a continuación, hace un análisis sobre las reivindicaciones de los “maltratados por la sociedad” hacia los que se encuentran en una situación de privilegio, reflejando que esta situación se da por los abusos de estos últimos. Como en el caso del guía de Estambul yo estoy al 100% de acuerdo con esto pero la última parte del último párrafo, en el que dice “cuando los más necesitados del mundo nos reclaman los derechos de su dignidad y cuidado, sin Dios es fácil que nos falten razones para ser tan justos como la vida requiere; y tan generosos menos todavía”, desde mi punto de vista está muy lejos de la realidad y por eso voy a intentar explicarme.

Los representantes de Dios en la tierra son la llamada “jerarquía eclesiástica” (se supone que creen en Dios y lo consideran un apoyo para ellos) y estos, salvo honrosas excepciones, han estado siempre, a lo largo de toda la historia, al lado de los poderosos en todas las religiones, sean monoteístas o politeístas. Desde mi punto de vista uno de los motivos más importantes del desastre que es en la actualidad Oriente Medio es la aparición, en él, de las 3 grandes religiones monoteístas (Judaísmo, Cristianismo e Islam) que, a pesar de compartir un importante número de santos y profetas, han mantenido una guerra fratricida a través de los siglos, afirmando todas que su Dios es el único verdadero y triturando a los que creen otra cosa.

Igualmente, si nos acercamos más en el tiempo y espacio hasta la Iglesia Católica actual de España, nos encontramos como, aprovechando una ley injusta, se han apropiado (robado) de múltiples propiedades (no sólo lugares de culto), incluidas la Catedral de Sevilla y la Mezquita de Córdoba, que les generan una cantidad de millones importante derivados de las visitas turísticas. Parece que a éstos, supuestamente tan cerca de Dios, también les faltan razones y les resulta difícil ser justos cuando los necesitados del mundo nos reclaman los derechos de su dignidad y cuidado. Además la Iglesia proclama la caridad cristiana (mísera aportación del que tiene mucho, conseguido no se sabe como) derivada de lo buenos que son y se olvida de lo que significa la solidaridad basada en los derechos de todos los miembros de la sociedad por el mero hecho de serlo. 

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El antes y el después https://cocinandosentidocomun.com/el-antes-y-el-despues/ https://cocinandosentidocomun.com/el-antes-y-el-despues/#respond Fri, 15 Oct 2021 16:22:45 +0000 http://cocinandosentidocomun.com/?p=665 Hace unos años en una charla, con un amigo católico y amante del debate, estábamos hablando de la muerte y del miedo que todo el mundo tiene al más allá y todo empezó a aclararse cuando yo le puse encima de la mesa (aunque íbamos en coche) que en esta situación, desde mi punto de vista, había dos posibilidades; puedes ser creyente y haber tenido, a lo largo de toda tu vida, un comportamiento exquisito con los preceptos de la ley de Dios y entonces no debes tener miedo porque vas a un mundo mejor, o puedes ser agnóstico pensando que más allá de la vida no hay nada y entonces tampoco debes tener temor alguno a lo que te espera en esa situación: sólo en un creyente que se haya saltado los preceptos divinos estaría justificado el miedo desde el punto de vista de las creencias. Lo que yo creo que realmente genera ese miedo es que, siendo del grupo que seas, al morir te desaparece todo lo tangible que tienes en esta vida sin ninguna expectativa de que sea sustituido por algo nuevo.

Desde entonces he pensado muchas veces en esta conversación sin haber avanzado nada hasta que esta noche, que no conseguía dormirme, he visto el archivo en la pantalla del ordenador, he empezado a pensar sobre el tema, y he llegado a la conclusión de que quizás mi profesión me permite ser un privilegiado que se puede mover, en su relación con otras personas, en ese límite tan fino que es la transición de la vida a su ausencia a través de la muerte.

Una noche que estaba sólo en casa, viéndome desnudo delante de un espejo fui consciente del deterioro que el paso de los años genera en nuestro cuerpo y me entretuve en escribirlo y publicarlo; en aquella publicación decía que me he pasado más de dos terceras partes de mi vida viendo cuerpos desnudos, unos vivos y otros muertos, unos jóvenes y vigorosos y otros deteriorados y en la última etapa de su vida; también decía que siempre he intentado ver las personas que los habitan, escucharlas, entenderlas, consolarlas, disfrutarlas, en definitiva vivir con ellas. He visto como algunas se revelaban contra la enfermedad y la muerte y otras lo asumían como algo inevitable, diría más, considerando a esta última como una bendición y deseando su llegada liberadora y terminaba diciendo que para todo eso da una profesión tan maravillosa como la mía. Por supuesto que da para mucho más si estás dispuesto a poner encima de la mesa una parte importante de tu vida que muchos egoístas no pondrán nunca.

Todo esto te lleva a vislumbrar lo que son los dos estados (si al segundo se le puede llamar así) de los que estamos hablando y lo que significan de ruptura absoluta en la existencia de las personas; se puede llegar a admirar a las personas que son capaces de convivir en armonía y ayudar a los que les rodean y no entender el egoísmo radical de otras muchas; yo me pregunto que sienten las segundas cuando llegan a ese momento de transición y ven que todos sus comportamientos egoístas no les sirven para nada en ese momento, y también me pregunto y quiero creer que las primeras pueden sentirse inmortales en el recuerdo de las personas a las que ayudaron desinteresadamente. Para mí ahí está la gran diferencia en la forma de asumir esa transición independientemente de las creencias de cada uno.

Visto todo lo anterior, la vida y la transición tienen una base de realidad, pero el después ya se basa todo en teorías, todas muy respetables, pero teorías. Lo que yo nunca entenderé es que sentido le encuentran determinadas personas a la acumulación de cantidades ingentes de bienes y poder, a lo largo de su vida (totalmente innecesarios en esos volúmenes a no ser que se utilicen para ayudar a los que más lo necesiten), habiéndolo conseguido a expensas de explotar y casi esclavizar a los demás. Nos cansamos de decir que la sociedad va evolucionando pero en este tema continuamos igual, o peor, que en la época de las cavernas; ¿no vamos a ser capaces nunca de darnos cuenta que cuando llegamos a ese momento definitivo somos todos iguales? ¿Alguna vez vislumbraremos que en esos momentos de transición lo único que nos va a ayudar es la satisfacción de un comportamiento previo solidario con los demás?

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El mundo que habitamos https://cocinandosentidocomun.com/el-mundo-que-habitamos/ https://cocinandosentidocomun.com/el-mundo-que-habitamos/#respond Sun, 16 Jun 2019 18:02:24 +0000 http://cocinandosentidocomun.com/?p=502 En el último mes y medio han ocurrido dos hechos luctuosos cuyo tratamiento informativo induce a reflexionar sobre el camino por el que estamos llevando a la sociedad en la que vivimos y hacia donde nos conduce; me estoy refiriendo a los fallecimientos de Eduardo Punset y José Antonio Reyes, en ambos casos pérdidas dolorosas para sus familias, amigos y, yo diría más, para la sociedad de la que formaban parte.

Como casi todos recordarán Eduardo era un escritor y divulgador científico, de reconocido prestigio, que también había dedicado una parte de su vida a la política activa, yo tuve el placer de conocerle personalmente, en los tiempos en los que ser político aún no era una profesión si no un servicio a la sociedad; por su parte José Antonio era un magnífico futbolista profesional, desde una edad muy temprana, de larga trayectoria. A parte de la actividad profesional que desarrollaron en vida las grandes diferencias entre ambos fueron la edad a la que nos abandonaron (82 años Eduardo y 35 años José Antonio) y la forma de morir (en el silencio de la enfermedad el primero y con la espectacularidad de un accidente de tráfico el segundo); ambos murieron como vivieron, discretamente el primero y con toda la resonancia posible el segundo.

El morir “en la flor de la vida” y de la forma sorpresiva y espectacular que lo hizo puede hacer entendible un tratamiento informativo más llamativo en el caso de José Antonio pero creo que no entra dentro de la lógica que, durante casi una semana, haya abierto todos los telediarios de todas las cadenas de TV y todas las primeras páginas de los periódicos, dedicándole un tiempo y un espacio cuando menos excesivo. Entiendo que el futbol profesional, en la actualidad está sobredimensionado pero al fin y al cabo no es más que un espectáculo que, a la sociedad, solamente le aporta entretenimiento mientras que las actividades de Eduardo, aunque menos espectaculares, aportan a la misma formación, cultura y una proyección hacia un futuro mejor.

¿Por qué entonces, a la hora de los homenajes y recuerdos, primamos al mundo del espectáculo de entretenimiento frente al de la formación y la cultura cuando el segundo es el que realmente  va a hacer que la sociedad avance y evolucione?. ¿Cuándo vamos a ser capaces de darnos cuenta de que hay que luchar por las cosas verdaderamente importantes de la vida?. En este caso ¿no tendrá mucho que ver las ingentes cantidades de dinero que mueve el mundo del futbol y los beneficios que genera?.

Indudablemente que también me estoy dirigiendo al ciudadano de a pie pero básicamente mi crítica es para los grandes medios de comunicación que son capaces de sobredimensionar cualquier situación y con ello mover a las masas siempre que piensen que así pueden obtener un rédito económico. ¿NO PODRÍAMOS LLAMAR A ESTO MANIPULACIÓN? Supongo que igual que a tantas y tantas otras cosas que «ocurren» en este MUNDO QUE HABITAMOS.

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