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periodismo – Cocinando sentido común https://cocinandosentidocomun.com Un blog que analiza situaciones, actitudes y momentos de la vida Sun, 23 Mar 2025 12:06:47 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.8.25 La democracia y la solidaridad https://cocinandosentidocomun.com/la-democracia-y-la-solidaridad/ https://cocinandosentidocomun.com/la-democracia-y-la-solidaridad/#respond Sat, 04 Apr 2020 17:02:09 +0000 http://cocinandosentidocomun.com/?p=557 En las últimas semanas, como consecuencia del desastre del coronavirus se puede ver y oír, en los medios de comunicación, multitud de comentarios y opiniones, más o menos acertados, con los que podamos estar o no de acuerdo, independientemente del respeto con el que hayan sido hechos y de lo beneficioso o perjudicial que puedan ser para la sociedad en su conjunto, derivado de la situación que se viva en ese momento. 

Hoy nos vamos a centrar en dos que me han llamado la atención y han despertado en mí las ganas de escribir y opinar sobre ellos.

El primero pertenece al Papa Francisco: el sábado 21, en el programa ”Lo de Évole”, Jordi le entrevistó “on line” para hablar de la pandemia, de sus opiniones del momento y de lo que le diría a la gente y la verdad es que me sorprendió con sus contestaciones; fue capaz de reconocer que, a lo largo de su vida, había tenido momentos con dudas de fe e, incluso, llegó a pronunciar la palabra solidaridad en lugar de la manida caridad cristiana. Mi primera impresión fue la percepción de un gran avance, en una de las instituciones universales más conservadoras, puesto que nunca había oído a la alta jerarquía de la Iglesia manifestarse de esa forma; con el reposo y la reflexión que da el tiempo mis expectativas se mantuvieron en el comentario de las dudas de fe y menguaron en el tema de la solidaridad quedando, en él, el “gran avance” reducido a un avance sin más. Con todo el respeto del mundo, similar al que siento por cualquiera de los mortales de este planeta, me gustaría trasladarle a Francisco unas reflexiones de lo que significan para mí esas dos palabras tan distintas, aunque muchos crean que son sinónimas, LA CARIDAD Y LA SOLIDARIDAD. 

Si nos dirigimos a un creyente del cristianismo y le preguntamos que significa para él la caridad tendremos muchas posibilidades de que nos conteste que es una de las virtudes teologales, pero habitualmente no va a profundizar más  o, como mucho, te va a decir que ayudar a un necesitado en un momento concreto es practicar la caridad cristiana, pero su concepto no va más allá; no se plantea el futuro de esa persona y como puede solucionárselo, simplemente busca  ayudarle en ese momento concreto y siempre desde la vertiente de su bondad y sus posibilidades superiores a las de él. Por supuesto que en ningún momento se le ocurre plantearse si él ha colaborado, con su actitud activa o pasiva, para que esa persona y muchas más estén en esa situación de necesidad; en definitiva está olvidando la definición de caridad (amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos) con la cual se aproximaría un poco más a la solidaridad.

La solidaridad lleva consigo un concepto nuevo; ser solidario es ser corresponsable del funcionamiento de la sociedad y de defender el derecho de todos sus miembros a tener una vida digna y la posibilidad de desarrollar, al máximo, todas sus posibilidades, aunque esté a mucha distancia física de ti y aunque eso signifique que tus ingresos económicos sean menores. Para mí ahí es donde se quedó corto Francisco, habló de solidaridad en este momento con respecto al coronavirus pero, para haber llegado a un gran avance tendría que haberla hecho extensiva a todos los países origen de la emigración (forzada por la esclavitud a la que la civilización occidental, a través de sus intermediarios, somete a sus habitantes) que llega a Europa de forma masiva todos los días. Reconozco que hacer eso, con la audiencia que puede generar, resulta incómodo y difícil pero creo que es lo mínimo que se debería pedir a una persona que se encuentra  al nivel de relevancia mundial en el que está él. 

El segundo comentario es de Pepa Fernández, en su programa de RNE1, y también se refiere al tema del coronavirus; se refiere a él diciendo que es democrático pues afecta a todos y no existen fronteras que lo paren. En primer lugar me gustaría decir que este virus no afecta igual a todos, castiga mucho más a los indefensos y esos no son precisamente los ricos; en segundo lugar me gustaría oír algo de crítica con la teórica igualdad  de oportunidades de desarrollarse de los ciudadanos en la democracia y de la falsa igualdad ante la ley (no olvidemos que el Rey es inviolable y que en este país hay unos 18.000 aforados para cualquier vulneración de la ley frente a un máximo de tres en los países europeos similares a nosotros).

Como podéis ver los comentarios que se hacen ante los medios de comunicación, en momentos como éste, pueden pasar desde los valiosos hasta los que se quedan cortos y, por fin, los que son totalmente falsos, posiblemente hechos para intentar demostrar una relevancia intelectual superior a la de los ciudadanos normales.

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Las herramientas https://cocinandosentidocomun.com/las-herramientas/ https://cocinandosentidocomun.com/las-herramientas/#respond Sat, 04 Apr 2020 16:53:30 +0000 http://cocinandosentidocomun.com/?p=554 La definición de ABOLICIÓN en el diccionario de la RAE es: Dejar sin efecto o vigencia una norma o ley. La de DEROGACIÓN es: Dejar sin efecto o vigencia una norma o ley sustituyéndola por otra del mismo o superior rango. Yo puedo entender que cuando en un país democrático existe una ley, procedente o no de una época dictatorial, que sólo busca el castigo de los ciudadanos sin ningún tipo de regulación de su actividad para conseguir una vida mejor se pida una ABOLICIÓN; pero cuando hablamos de leyes que regulan la convivencia para mejorarla desde el respeto y que pueden tener sus fallos, para solucionar el problema tendremos que hablar de DEROGACIÓN porqué con la abolición estaremos dejando sin ningún tipo de control una parte de la actividad de la sociedad y eso, desde mi punto de vista, va a resultar mucho más peligroso que la propia vigencia de la ley.

Hay que ser conscientes de que vivir en una democracia no significa que cada uno pueda hacer lo que le de la gana, sino que tenemos que respetar las leyes generadas en ella y las personas con las que convive; a medida que pasa el tiempo la sociedad va evolucionando y esas leyes se van quedando parcialmente obsoletas, unas más rápidas que otras, incluso la propia Constitución, y cuando llega ese momento habrá que actualizarlas, siempre con sensatez, pero nunca por una ABOLICIÓN sino por una DEROGACIÓN en el caso de leyes normales y una ENMIENDA en el caso de la Constitución.

Durante muchos años, sobre todo desde el advenimiento de la tecnología de la información, tuve la sensación de que, con sus avances, se conseguirían grandes mejoras en materia de educación; el pasar de una forma de aprender preferentemente memorística y teniendo que recurrir a multitud de libros en las consultas a otro en el que dicha información la tienes rápidamente a tu alcance simplemente accionando el teclado, debería significar una mayor facilidad para dominar en conceptos y gramaticalmente el idioma. 

Todo esto viene “a cuento” porque esta mañana he oído decir en un programa de radio, tratando el día de la mujer, que había que ABOLIR la constitución y eso me ha llevado al “campo de minas” que es la total ausencia de dominio del idioma, por parte de los profesionales de la información, que al final es la herramienta que utilizan para desarrollar su trabajo; ¿se imaginan que pasaría si un chófer no supiera conducir su camión, un albañil no dominara los útiles de su trabajo o un cirujano no controlara el bisturí? Lo primero que hay que pedirle a un profesional responsable es que tenga un dominio exquisito de las herramientas que tiene que utilizar en su trabajo y más cuando el mal uso de éstas puede derivar en un daño, a veces irreparable, del resto de sus conciudadanos.

Pero ¿de dónde procede esa ausencia de dominio del idioma?. Yo, personalmente, creo que básicamente tiene dos causas; una derivada de la enseñanza, en la que el aprendizaje de la gramática y el desarrollo del interés por preguntarse cosas y que estas preguntas te lleven a aprender y a razonar, desde la observación de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, y a ser críticos, siempre dentro de la lógica, brilla por su ausencia. No olvidemos que cada cambio de partido en el gobierno significa una nueva ley de educación y en ella priman los intereses partidistas y el adoctrinamiento por encima del interés de la sociedad (esto es factible porque dichos cambios de ley nunca requieren la mayoría cualificada suficiente para que su modificación haya que hacerla por consenso); la segunda creo deriva de ese estar permanentemente encima de una pantalla y de la inmediatez de esas comunicaciones, construyendo frases difícilmente entendibles y horriblemente estructuradas, que terminan siendo de uso común, aunque a las personas que amamos y dominamos esta maravillosa herramienta de comunicación que es el ESPAÑOL, o si prefieren CASTELLANO, nos haga un daño tremendo cuando las oímos o las leemos.

Hoy en día es habitual encontrarte, en la prensa escrita, titulares que tienes que leer varias veces para poder entenderlos,  por la simple ausencia de una sencilla coma y eso sin que el servicio de corrección del medio se haya esforzado en solucionarlo. Esta forma de actuar, vista desde fuera, da la sensación de una total ausencia de interés en el respeto del idioma y los potenciales lectores; a todo esto tenemos que añadir el “efecto contagio” que puede generar en el resto de los ciudadanos los cuales pueden pensar tranquilamente “¿para qué me voy a esforzar yo si los que viven de eso no lo hacen?”. Igualmente, si os fijáis, los participantes en las tertulias televisivas están permanentemente pendientes de su tablet o teléfono (leyendo y contestando) situación en la cual lo que menos les importa es la corrección gramatical y ortográfica de lo leído y escrito y lo lógico es que esto, poco a poco, vaya creando los hábitos si no haces un esfuerzo para evitarlo. 

Para terminar me gustaría pedir a todos, profesionales y gente de “a pie”, que se esforzasen en su buen uso pensando en dejar a las siguientes generaciones, sin deteriorar, esta maravilla que es nuestro idioma.

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