Un porcentaje alto de los días me encuentro mientras tomo el café, o me cruzo en la calle, con una mujer de mediana edad, delgadita y de altura mas bien pequeña, en definitiva como otras muchas personas con las que coincides a diario. La gran diferencia con las demás es que esta es ciega y se mueve con una soltura envidiable tanto en la calle como en la cafetería.
Esta facilidad de desenvolverse, sin hacer daño a nadie, en un ambiente para los demás totalmente oscuro, si nos colocan una venda en los ojos, me ha llevado a pensar y dedicar un tiempo a hacer una comparación con un número importante de miembros de esta sociedad que están o se hacen los ciegos mentalmente, aunque ello suponga un daño irreversible para el resto de sus conciudadanos, haciendo primar sus propios intereses sobre los colectivos.
Esa actitud de primar el interés personal frente al colectivo está presente en todos los estratos de la sociedad; la diferencia está en que mientras las personas de los más humildes no tienen capacidad para hacer daño al resto de sus conciudadanos, los de los más poderosos tienen una capacidad tremenda y la utilizan sin que les tiemble la mano, justificándose con la clásica frase “es mi derecho por que vivimos en una sociedad democrática” y se quedan tan tranquilos (como si no lo hubieran visto).
Todas estas teóricas cegueras se han puesto mucho más de manifiesto en los últimos tiempos de pandemia y elecciones en EEUU. En la pandemia el nº de personas que se han y están lucrando con el dolor ajeno es altísimo, no olvidemos lo que ha significado, en la bolsa, la comunicación de la cercana llegada de la vacuna; ¿cuántos millones se habrán metido en el bolsillo los privilegiados que hayan tenido la información en el momento oportuno? Si nos fijamos en los políticos, a la hora de la gestión, la impresión es que en lo único que están pensando es en la repercusión que sus decisiones van a tener en las siguientes elecciones, no “viendo”, o no queriendo ver, lo que se puede hacer, en cada momento, para mejorar la desastrosa situación en la que se encuentra nuestra sociedad. ¿SE PUEDE LLAMAR A ESTO CEGUERA INTERESADA?
]]>No aparece ninguna acepción que la identifique, única y exclusivamente, como “conjunto de actividades artísticas de una sociedad”.
Todo esto viene a cuento porque, desde que se establecieron limitaciones derivadas de la pandemia, todas las actividades artísticas se han visto afectadas económicamente y los medios de comunicación hacen un tratamiento informativo que identifica, de forma absoluta, a éstas con el término cultura (LA CULTURA), como si no existiera ninguna otra actividad cultural en la sociedad.
Si nos atenemos a la acepción 3, que es en la que están incluidas las actividades artísticas, tanta cultura son los modos de vida y costumbres, los conocimientos científicos e industriales como las actividades artísticas. ¿A qué viene entonces esa apropiación en exclusiva?, ¿qué intereses hay por medio? ¿No sería mucho más sencillo y real hablar del sector artístico de la cultura?, y esto no significaría ningún menosprecio, dado que su importancia dentro de la evolución de la sociedad continuaría siendo la misma.
Leído esto no quiero que se me identifique como una persona que rechaza las actividades artísticas; más bien al contrario, pocas personas disfrutarán tanto como yo leyendo un libro, escuchando música, viendo teatro, cine, monumentos arquitectónicos y exposiciones de pintura y escultura. Solo intento colocar a cada cosa en su lugar adecuado y que su propio mérito la eleve a la altura que pueda merecer.
Todo lo anterior no es más que poner encima de la mesa una de las múltiples actitudes egoístas y manipuladoras de una parte de la sociedad en la que nos ha tocado vivir, pero hoy me gustaría ir un poco más allá y hacer una valoración de la repercusión que este tipo de actitudes genera en cualquier grupo social; por supuesto que partiendo de un concepto social solidario y justo con los méritos de cada uno de sus miembros.
Yo creo que toda sociedad y, por supuesto, sus miembros deben tener un sentido colectivo positivo entendido éste como el esfuerzo en común de todo el grupo para hacer navegar al gran barco social por el río de la vida, tirando todos de él en el mismo sentido independientemente de la orilla en la que se encuentren y con todo la intensidad que la fuerza de la que dispone cada uno le permita. En definitiva si todos somos capaces de esforzarnos porque la sociedad en su conjunto funcione bien y de una forma solidaria, cada uno de nosotros podrá funcionar mejor y el resultado será más justo; si, al contrario, nos dedicamos exclusivamente a nosotros mismos independientemente de las repercusiones que esta actitud ocasione en los demás, llegamos al individualismo con lo nocivo que resulta para dicha sociedad.
En los últimos tiempos, al igual que con la actividad artística, los medios de comunicación, en lugar de resaltar el esfuerzo y la importancia de toda la sociedad en la solución de los problemas, han machacado a los ciudadanos “subiendo a los altares” a distintos colectivos (sanitarios, trasportistas, fuerzas de seguridad, etc.) y dejando en el olvido a otros (cuidadores de mayores, empleados de hogar, etc.) cuyo trabajo, quizás menos vistoso, también es fundamental para el funcionamiento de la sociedad. Esta actitud, sobre todo en un momento como éste, hace que el individualismo radical triunfe y cada individuo sólo piense en si mismo, independientemente de las repercusiones que su actitud genere en el resto de sus conciudadanos; si de verdad alguien cree que esta actitud hace que la sociedad evolucione a mejor en su conjunto “QUE BAJE DIOS Y LO VEA” (como decían nuestros antepasados). Buen Otoño para todos.
]]>Como casi todos recordarán Eduardo era un escritor y divulgador científico, de reconocido prestigio, que también había dedicado una parte de su vida a la política activa, yo tuve el placer de conocerle personalmente, en los tiempos en los que ser político aún no era una profesión si no un servicio a la sociedad; por su parte José Antonio era un magnífico futbolista profesional, desde una edad muy temprana, de larga trayectoria. A parte de la actividad profesional que desarrollaron en vida las grandes diferencias entre ambos fueron la edad a la que nos abandonaron (82 años Eduardo y 35 años José Antonio) y la forma de morir (en el silencio de la enfermedad el primero y con la espectacularidad de un accidente de tráfico el segundo); ambos murieron como vivieron, discretamente el primero y con toda la resonancia posible el segundo.
El morir “en la flor de la vida” y de la forma sorpresiva y espectacular que lo hizo puede hacer entendible un tratamiento informativo más llamativo en el caso de José Antonio pero creo que no entra dentro de la lógica que, durante casi una semana, haya abierto todos los telediarios de todas las cadenas de TV y todas las primeras páginas de los periódicos, dedicándole un tiempo y un espacio cuando menos excesivo. Entiendo que el futbol profesional, en la actualidad está sobredimensionado pero al fin y al cabo no es más que un espectáculo que, a la sociedad, solamente le aporta entretenimiento mientras que las actividades de Eduardo, aunque menos espectaculares, aportan a la misma formación, cultura y una proyección hacia un futuro mejor.
¿Por qué entonces, a la hora de los homenajes y recuerdos, primamos al mundo del espectáculo de entretenimiento frente al de la formación y la cultura cuando el segundo es el que realmente va a hacer que la sociedad avance y evolucione?. ¿Cuándo vamos a ser capaces de darnos cuenta de que hay que luchar por las cosas verdaderamente importantes de la vida?. En este caso ¿no tendrá mucho que ver las ingentes cantidades de dinero que mueve el mundo del futbol y los beneficios que genera?.
Indudablemente que también me estoy dirigiendo al ciudadano de a pie pero básicamente mi crítica es para los grandes medios de comunicación que son capaces de sobredimensionar cualquier situación y con ello mover a las masas siempre que piensen que así pueden obtener un rédito económico. ¿NO PODRÍAMOS LLAMAR A ESTO MANIPULACIÓN? Supongo que igual que a tantas y tantas otras cosas que «ocurren» en este MUNDO QUE HABITAMOS.
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