Los fuegos

Hemos llegado a la temporada en la que el calor favorece que las imprudencias, los intereses de algunos y los accidentes  se conviertan en grandes incendios que asolan superficies inmensas, incluyendo pérdidas de vidas humanas. Hasta aquí podríamos estar todos de acuerdo.

El problema, aparte de la desgracia que significa, está en la gestión de esta situación (desde la prevención hasta la solución cuando se produce el incendio) por parte de los responsables políticos elegidos para ello. Todos aluden al contrario político, culpándole de todos los males, y se quitan el “polvo” de encima; los presidentes de las Comunidades, responsables de la gestión en toda su extensión, arremeten contra el Gobierno Central porque llega tarde cuando le piden ayuda y este responde que no la han pedido a tiempo en la debida forma y ahí queda todo. Cuando la temporada de calor ha pasado y los incendios desaparecen, el foco de atención cambia; lo que va a ocurrir al año siguiente queda en el olvido sin hacer nada preventivo y ya pueden dedicar sus esfuerzos de crítica al adversario político con otros temas que les sean más atractivos para sus planes.

Desde mi profesión de médico he aprendido que prevenir una enfermedad, cuando se tienen conocimientos de cómo aparece y se puede evitar su aparición, es más seguro e infinitamente más barato. También he aprendido que las causas de las enfermedades  son varias y que, una vez conocidas, hay que intentar evitar las máximas posibles y a eso he dedicado una gran parte de mi actividad en el control del cáncer de colon con unos resultados magníficos.

También desde mi afición cinegética, heredada de mi padre labrador, he podido comprobar que en zona de bosque, mientras había ganado suelto, se podía entrar con facilidad, mientras que cuando este desapareció era imposible. Todo lo contrario ocurre con el fuego; cuando el monte está más cerrado más fácil es su propagación y más difícil y cara su extinción.

Llegados a este punto es fácil concluir que la labor que hacía el ganado suelto, al haber desaparecido éste con la despoblación rural y la aparición de las macro-granjas (mucho más rentables para los de siempre, cosa que cuando la dijo el ministro Alberto Garzón le costó el puesto) debería hacerla el hombre y debería gestionarla la Administración y, con ello, ahorraríamos muertes y dinero.

Si no me equivoco esta función esta en manos de las Administraciones Autonómicas, con una cantidad económica en sus presupuestos, para que en los momentos adecuados personal experto, contratado por ellas, realice esa función de permeabilizar los bosques para que, cuando el incendio se produzca, sus dimensiones y daños sean mucho menores y el costo de su extinción ni se acerque al actual; pero esto difícilmente se va a producir con la disminución del presupuesto, para tal fin, que han hecho (por encima del 50%) las comunidades más afectadas en la última oleada.

Otro concepto que nos puede llevar a que la desgracia sea mayor es el concepto que prima en algunas organizaciones políticas, que ya lo están imponiendo en donde son necesarias para gobernar, que es “EL CAMBIO CLIMÁTICO NO EXISTE”; con ello tratan de evitar que se hable de que se produce causado por la contaminación, los micro-plásticos y los hábitos impuestos por los poderosos para conseguir un mayor consumo de cosas innecesareas para los ciudadanos y ciudadanas y con lo que consiguen un enriquecimiento monstruoso para ellos  

Si todo esto lo tiene claro una persona que su actividad no está en ese mundo ¿ES TAN DIFÍCIL QUE LO CAPTEN LOS QUE SE DEDICAN A ELLO? O ¿HAY INTERESES OCULTOS EN ELLO?.

Desde mi punto de vista sería muy interesante que en los medios de comunicación hicieran algún programa de debate, NO DE DISCUSIÓN, razonando las opiniones y llegando a conclusiones que fuesen positivas para la colectividad. Si lo hicieran y convencieran a los responsables políticos para actuar en beneficio de la colectividad, que los ha elegido para ello, habríamos dado UN PASO DE GIGANTE EN LA EVOLUCIÓN.  

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